Catégorie : espagnol

  • POESÍA/Karina Bielka Escobar

    POESÍA/Karina Bielka Escobar

    Cada día te veo como centinela elevada,
    me acompañas sedienta de brasa,
    recorresmi sangre…
    aquí y allá vas tocando mi piel con letras que salen del Alma,
    el verso no contiene el llanto ni el latido incesante…
    explotas a tropel con cada pensamiento o susurro aleteo,
    vienes a mi memoria, mi vida y mis dolores,
    cada verano encuentro el destierro tuyo…
    y caprichosa sigues allí…
    Aquí y allá nunca contuve los ríos clamorosos de mis días,
    los surcos de mil historias y sigues presente…
    entonces, te atrapo con el mar y el viento ,
    el fuego, la flama y el torrente, la risa y el lamento ,
    la fuga y el destierro, la muerte , y el te espero…
    Te lanzo una Arenga sin dejarte una vez más… Poesía.
    Karina Bielka Escobar.

    
    
    Biografía
  • PASOS/NORA CURONISY LOSTAUNAU (Lima-Perú)

    PASOS/NORA CURONISY LOSTAUNAU (Lima-Perú)

     

    Damos pasos
    por el parque
    por la calle
    por la casa

    En una danza
    pasos largos
    pasos cortos
    pasos a plazos perentorios
    pasos inoportunos que despiertan

    Pasos
    como pasa el tiempo
    como pasa el miedo
    como pasó el amor

    Nadie te dirá que no pases
    Tú eliges
    es cuestión de vida o muerte

    Como pasa un aluvión
    Insegura ceremonia
    del ir y venir

    Pasos imprescindibles
    como pasa la palabra
    en el papel
    paso a paso
    en un poema

     

     

    Biografía
  • metafísica de la ceguera/Pablo Acevedo

    metafísica de la ceguera/Pablo Acevedo

    luna, ojo de lo Arcano.

    sol, pulpa del estío.

    la noche, a mil cerrojos, por dentro arde.

    y la combustión es aún más poderosa

    que su propia voluntad por extinguirse.

    la luz es la obscuridad que nuestros ojos ven.

    amamos el mundo con una voluptuosidad de ciegos.

    el día, amortajado por su aurora,

    picotea el alma con un quiquiriquí de siglos.

    la noche no resucita, pues es eterna.

     

    (Perteneciente al libro Cazamariposas, 2006)

     

     

  • Las manos/ Lilia Gutiérrez Riveros

    Las manos/ Lilia Gutiérrez Riveros

    Las manos son sabiduría

    cuando juntan el sueño y la vigilia.

     

    Entre las manos la ilusión se gesta y crece.

     

    Las manos

    tocan, suavizan y sanan una herida.

     

    Las manos son el universo

    creando sus espejos.

     

    Las manos inventan el oficio

    prolongan el gesto del amor

    y hablan cuando la voz declina.

     

    Ellas alimentan las horas.

     

    No pongas en las manos

    los reproches ni la punta de la ira.

     

     

    © Lilia Gutiérrez Riveros, Colombia, del libro Sinfonía del orbe

  • Necesito el río/ Gabriela Bayarri

    Necesito el río/ Gabriela Bayarri

     

    Como un aire fresco

    que llega una vez sola,

    necesito el río.

     

    Los pies desnudos sobre la arena,

    y entre las piedras,

    ver irse el agua

                           dorada por la siesta.

     

    Necesito el río,

     

    que la corriente se lleve

    las primeras hojas del otoño

    y estos restos que anidan,

    en la orilla de mi espalda.

     

    De “La luz extraviada” (inédito)

     

     

     

    Gabriela Bayarri, Córdoba, Argentina

  • DESTIERRO/Anamaría MAYOL

    DESTIERRO/Anamaría MAYOL

    Ella soltó los pájaros
    habitaban su pecho
    los vomitó uno a uno
    como sueños muertos
    cerró la boca
    asesinó el sonido del recuerdo
    amamantó el silencio
    por doce lunas llenas
    luego
    renombró
    cada objeto de la casa
    halló vocablos nuevos
    para acallar su ausencia.

  • Mi Terremoto/Debora Hadaza

    Mi Terremoto/Debora Hadaza

    Llegué de imprimir, me quité la bolsa del hombro, la puse en el sillón, iba entrar a la cocina. Lo escuché.

    Es difícil escribir de esto. Uno tiene la tragedia atravesada en la garganta, no la de uno, la de todos, la del país. ¿Con qué derecho hablar de mi miedo, de mi nada, si hay quién se quedó sin casa, sin hijos, sin vida? ¿Con qué derecho hablar de solidaridad y hermandad si todo lo vi desde la comodidad de mi internet?

    Lo escuché, me detuve entre la sala y la cocina unos segundos o tal vez minutos. Algo entre crujir y clamor, algo que empezó a gritar como un monstruo o una máquina, algo que daba dolor y terror. Un segundo antes de que empezaran las percusiones me paré bajo el dintel de la puerta, instintivamente, a dos o tres segundos, corriendo, de la puerta de la calle. Y comenzaron, ventanas, jaulas, libros, cuadros, cortinas, trastes, a mecerse locamente, y luego a brincar. La camioneta en mi cochera se resistía al exorcismo de la tierra brava, pensé que iba a levitar.

     

     

    Apenas pude me conecté a Facebook. En mi casa no hubo luz, teléfono, ni internet por hora y media más o menos. Ya había hablado con mi esposo y mis padres. La primera llamada de auxilio que vi fue para la escuela Enrique Rebsamen. De ahí en adelante todo fue una convocatoria a todos, a quien estuviera,  a ayudar, informar, dar.

    Dije que la puerta de la calle estaba a dos o tres segundos corriendo. Bajo el dintel supe que si eso duraba más todo se iba a caer, no sólo las cosas sino la casa, mi mente anticipó el derrumbe que no llegó, pude sentir en mi imaginación el dolor de mi cuerpo aplastado bajo el escombro, morir de golpes. Por primera vez en mi vida supe que podía morir, la muerte por primera vez se me hizo factible. La puerta estaba cerca y tal vez hubiera podido correr o al menos caminar entumida, pero supe también que si todo se caía quería morir viéndolo, quería ver el techo romperse y la tierra abrirse, quería morir bajo la loza, entre escombros, volver al polvo rota con toda la demás materia. Era una certeza más fuerte que el miedo, más bien esa certeza era una curiosidad que enmudeció al miedo. 

    Después volví a pensar, si dura tanto como el pasado, el del 7, todo se va a caer, y no pensé en la casa, pensé en México, en la ciudad, en las casas, en la gente, en todas esas vidas que no querían ver el derrumbe, que no querían morir. Entonces empecé a rogar misericordia, Señor para esto ya, ten misericordia de la gente, ten misericordia de mi país. El tiempo se hace elástico, sé que no duró mucho. A uno o dos minutos de que paró el brincoteo tocó la puerta mi cuñada, le dije estoy bien. No quería moverme, no quería salir aún de ese romance a distancia con la muerte. Me gritó que fuéramos por mi hija a la escuela. 

    Ahí empecé yo a temblar. En mi siniestra epifanía no pensé en mi hija, no me dolió morir, ni tuve dolor por dejarla huérfana. No pensé en mis padres, ni en mi hermano, no pensé en nadie más que en mi, y luego pensé en todos, en todos los que no conozco. Cuando mi cuñada mencionó a mi hija mi cuerpo tembló porque tuve miedo de haberla perdido, de que eso que me seducía me la hubiera quitado para siempre. Eso sí ya lo había sentido antes, la amenaza de que me la arrebataran, de no poder sacarla, de que se fueran con ella. De todos los temores sentidos en mi vida no hay ninguno peor. Mi cuñada manejó como loca, llegamos a la escuela y mi hija estaba en el patio, su maestra tenía los ojos llorosos, y mientras yo abrazaba a mi hija pensé en la suya, en una bebita que ella, la maestra, no podía abrazar por más que el ansia se la comiera. Me dieron ganas de abrazarla, de pasarle un poco de la paz corporal que yo sentí al cargar a mi hija. Y es que es eso, miedo y paz corporales y epidérmicos, sólo el contacto o la ausencia de tu mayor tesoro terrenal te los pueden dar. Aferrada al pequeño cuerpo de mi hija se acabó el temblor, aunque se rompiera el mundo ya no me la quitarían

    Facebook en la computadora, en el celular, Aristegui en el celular, videos, llamadas de auxilio, noticias, fotos, dolor, dolor, dolor, amor, llanto que no sale a mares porque tiene miedo de hacer inundación del derrumbe. Impotencia y consuelo al ver a los que sí pudieron estar, consolar, abrazar, alimentar, cuidar. Sentirse tan inútil porque el mundo se cae y tú no tienes palas y sí la pata amarrada a la casa. El llanto, la tristeza se multiplican y te duelen esos que no conoces, esos niños que no viste en el patio de la escuela de tu hija, esas bebitas y bebitos, esos esposos, esas amigas, novios, madres, tías, hermanas y hermanos ajenos y a la vez tan tuyos, tan raza tuya.

    Mamá llegaba al otro día, una parte de mí anhelaba verla y la otra tenía mucho miedo. Quería llamarle y decirle mami quédate allá, quédate a salvo, acá sí cruje la tierra, acá todo brinca, acá estás en riesgo.

     

     

  • Entrevista a Francisco Navarro

    Entrevista a Francisco Navarro

                                                                     

    1. Como introducción a esta entrevista, ¿puede usted describir a los lectores su  recorrido en el campo de la literatura y la poesía?

     

    1. Ha sido transitar entre páramos de luz; el poder compartir el canto del alma a través de la poesía y la literatura en general, me ha permitido descubrir nuevos y luminosos horizontes, no sólo en cuanto a territorios, si no a nuevas almas que comparten este sentir por la vida y la palabra escrita.

     

    1. ¿Cómo nació su  aventura con la poesía especialmente o la narrativa de ser el caso?

     

    R.El sentimiento que tenía en cuanto a la literatura en general, era de fastidio. Mis maestros de primaria y secundaria, se encargaron de generarlo, pues me obligaban a aprender y recitar poesía que no se identificaba, ni con  el tiempo en que vivía y mucho menos con lo que yo sentía, no existía ese lazo de identificación… al llegar a la escuela preparatoria, sucedió la magia, fue mi maestra de literatura, quien, aplicando dinámicas diferentes en pedagogía, nos embrujo literalmente hablando de la literatura. Fue ahí, en donde empecé a conocer y paladar a los poetas y la poesía: Guillen, Neruda, Lorca, Mistral, Machado… Desde entonces, me convertí en un insaciable lector de poesía y por consecuencia en productor de poesía.

     

    1. ¿Cuáles son los poetas mexicanos especialmente y latinoamericanos en general, que le influyeron durante su recorrido? Y ¿por qué?

     

    1. Y referí algunos, entre ellos habría que destacar al poeta de mi pueblo Josué Miro, de quien he aprendido el canto silencioso y mágico de la metáfora. Oscar castro de Chile, otro poeta mayor que también no ha sido reconocido plenamente. Dolores Castro, quien me ha enseñado que la sabiduría no es un lujo, sino una enorme responsabilidad de humildad y de nunca dejar de aprender.

     

    1. ¿Cuáles son los poetas actuales de Latinoamérica que le atraen?

     

    1. Latinoamérica es un bastión de la poesía, afortunadamente un manantial inagotable, el comercialismo y la globalización, no han podido callar el eco de la poesía. Actualmente, y espero que en otras latitudes esté sucediendo lo mismo; en Cuba, se está dando un impulso a los jóvenes poetas cubanos, quienes tienen no solo una escuela definida, sino una calidad excelente. En México, por desgracia, esto se intenta resolver por medio de las “becas”, las que por desgracia, se otorgan a los mismos, al igual que las editoriales oficiales.

     

    1. ¿Cuál es su expectativa de la oportunidad de poder cruzar las fronteras hasta la comunidad Árabe?

     

    1. Siempre será atractivo, al menos para mí, el poder compartir con pueblos milenarios, de quienes seguimos aprendiendo.

     

    1. ¿En qué, según su opinión, se cruzan las literaturas árabes y latinoamericanas?
    2. En algún rincón de la historia. No hay que olvidar, que el pueblo árabe, tuvo presencia, en varios pueblo de Europa, en específico den España. Seguramente la influencia palpable en la arquitectura, fue también innegable en la literatura, y en muchos otros aspectos de la cultura, la que llegaría a estos páramos a partir del S XVI.

     

    1. ¿Cuáles son sus proyectos futuros?

     

    1. Seguir en esta necedad de escribir y caminar por todos los pueblos que más pueda, ya que la poesía, me ha abierto muchas puertas, no me sientoextranjer9o en ningún lugar, mientras sea la poesía, el navío que me lleve a cualquier puerto…

     

     

     

     

     

     

    Un día perdí el alma

    camino arriba de los sueños.

     

    Desde entonces soy ceniza

    soledad incendiada

    voz muda

    atrapada en tinta y papel…

     

    Río que busca refugio en  el  silencio

    y la hojarasca cómplice de los insomnios…